Y otro día donde se junta el ganado en mi cabeza

miércoles, 22 de abril de 2009
Me levanto a la mañana, tengo miedo de quedarme dormida y me despierto a las 4, vuelvo a dormirme y siendo casi las 7 asomo mi cabeza entre los cobertores. Pienso, dormí 5 horas innecesariamente, me podría haber ahorrado esa visita. Me cambio y ya noto que las chatitas me bailan en los pies, se estiraron por vaya a saber que ... pero puedo caminar igualmente.

Salgo apurada sin siquiera hacer la cama, tengo que llevar más temprano que lo habitual, 8 en punto el café recién hecho tiene que impregnar todas las oficinas, el lugar tiene que estar perfecto y así lo esta.

Ya venía con las palabras atragantadas en la garganta, anoche no pude hablar, cuando te dije que quería hablar, era hablarte a vos, cuando dije que resignaba horas de facultad para despejarme era con vos, no con vos y algún amigo más. No buscaba romanticismo ni nada, solo una oreja a la cual soltarme con mis limaduras y exageraciones, con mis tonteras y planes de vida. Era agarrarte del brazo y sentir contención.

Hoy tengo todas las palabras marcadas en mi cara, los sentimientos juntos sin saber donde verterlos, traté de hablarte a vos amiga y a vos tentación, pero ambos también tienen una vida y sin tiempo para los rayes de una cereza a punto de explotar. Y las casualidades se complotan y sigo todo el día con las palabras en la punta de la lengua y con la necesidad de contarlas a alguien que me conozca. Alguien que me ayude a no irme de la tierra, a no meter la cabeza en la tierra.

Y mientras digo por primera vez en voz alta que capaz hubiera sido buena idea que me vaya a vivir a Cordoba se me dificulta caminar; estas chatitas bailan más de lo que pensaba, subir 4 pisos en escalera no es buena idea, pero esperar el ascensor me parece innecesario.

Voy a la facultad y como un robot escucho la clase, tomo nota, voy al baño; veo mi cara con las palabras más marcadas, más pronunciadas y salgo. Voy a comprar los apuntes y cuando estoy por pagar lo veo y para peor me ve. Me saluda y se queda conmigo. Siento como el corazón me late, casi saliendose de mi pecho, como me tiembla la mano al pagar los apuntes, como trato de disimularlo y se que es porque esta ahí.

Y caminamos instintivamente por el pasillo sabiendo que tengo que salir por el otro lado y las chatitas que me siguen bailando y no me importa. Como se sienta y me quedo parada frente a el con el corazón a mil, con las manos que me tiemblan, con las chatitas que me bailan y mi espalda dura por el peso de la mochila. Lo que le quería decir no lo pude hacer, me quedo callada en más de una oportunidad pensando esta aca enfrente mio. Ni siquiera actué por instinto, en otro momento me hubiera acercado y el me hubiera agarrado de la cintura como la primera vez. Me hubiera besado, porque así nos saludabamos con un beso fogozo no con beso insipido en el cachete, esos en los que ni siquiera hay contacto entre labios y piel, sino solo entre piel. Yo los odio, me gustan los besos y los abrazos sentidos.

I can not speak, I lost my voice ... y es hora de su clase y se va. Y yo todavía articulando que decir, salgo y ya ni me importa caminar más lento porque las chatitas. Odio que después de reflexionar que capaz hubiera sido buena idea irme a Cordoba, me lata el corazón así por una persona así.

Y digo al final pienso que necesidad de afecto que me inunda para que me lata todavía tan fuerte el corazón por su mera presencia.

1 comentarios:

Psicologa con problemas dijo...

suele pasar... pero lo importante es que llega un momento que deja de pasar.

Y aburre.

TucuMALA